En un operativo relámpago que duró menos de 30 minutos, la Policía Nacional y la Interpol, en coordinación con la DEA y los U.S. Marshals, hicieron efectiva la extradición de Andrés Felipe Marín Silva, alias “Pipe Tuluá”. El cabildante del crimen organizado fue trasladado bajo un dispositivo de máxima seguridad desde la estación de Los Mártires hasta la base aérea de El Dorado, donde una aeronave estadounidense lo esperaba para llevarlo ante la Corte del Distrito Este de Texas.
Alias “Pipe Tuluá” no era un delincuente común. Como cabecilla de la estructura “La Inmaculada”, Marín Silva extendió sus tentáculos a través de alianzas con el Clan del Golfo, disidencias de las FARC y el temido Cartel de Sinaloa. Su especialidad: el outsourcing criminal para el envío de toneladas de cocaína en lanchas Go Fast hacia Centroamérica y Estados Unidos.
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A pesar de estar condenado en Colombia a 30 años por múltiples homicidios y de estar recluido desde 2015, las autoridades confirmaron que seguía enviando órdenes desde su celda, lo que obligó a que su custodia fuera asumida directamente por la DIJIN desde junio de 2025.
A «Pipe Tuluá» se le atribuye la fundación del grupo “MAGO” (Muerte a Guardianes Opresores), una organización dedicada a perseguir y asesinar a funcionarios del INPEC. Bajo su mando, se estima que al menos 14 guardianes fueron asesinados como parte de una estrategia de presión y retaliación contra el sistema penitenciario.
El traslado contó con más de 70 efectivos de élite, incluyendo comandos del GRATE, GOES y unidades antiexplosivos. Este procedimiento reafirma la cooperación judicial entre Bogotá y Washington en un momento clave de la agenda binacional, enviando un mensaje claro: la frontera no es refugio para el crimen transnacional.


