Lo que parecía ser un descuido común en una noche de copas en el centro de Londres terminó convirtiéndose en uno de los robos de arte y joyería más insólitos de los últimos años. Un ladrón oportunista, identificado como Enzo Conticello, de 29 años, ha sido condenado a más de dos años de prisión tras sustraer un bolso que contenía un tesoro invaluable: un huevo Fabergé con incrustaciones de esmeraldas y un reloj de lujo.
Un botín millonario en el lugar equivocado
El incidente ocurrió frente al pub Dog and Duck en el concurrido sector de Soho. La víctima, Rosie Dawson, trabajaba para una empresa de whisky de lujo y había llevado las piezas a un evento de exhibición. En un momento de distracción, dejó el bolso entre sus piernas mientras esperaba fuera del local. Fue entonces cuando Conticello aprovechó la oportunidad sin imaginar que lo que tenía entre manos valía casi 3 millones de dólares.
El set robado es una pieza de ingeniería y arte extrema:
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El Huevo: Elaborado en oro amarillo de 18 quilates con 104 diamantes y una esmeralda en bruto de Zambia.
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El Reloj: Una pieza de 22 quilates con marco de oro rosa inspirada en las «Siete Maravillas de Irlanda».
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Cambiado por «dinero fácil»
A pesar del valor estratosférico de las joyas, el destino del botín fue desalentador. Según los testimonios en el Tribunal de la Corona de Southwark, Conticello —un exchef que cayó en la adicción tras la pandemia— no tenía idea de lo que había robado. El delincuente entregó el bolso y su contenido para obtener dinero rápido para comprar drogas.
Fue captado por cámaras de seguridad intentando usar las tarjetas de crédito de la víctima minutos después del robo, pero no fue capturado sino hasta un año después en Belfast por otros delitos.
Un tesoro que sigue perdido
Aunque la justicia condenó a Conticello a dos años y tres meses de cárcel, el paradero del huevo Fabergé y el reloj sigue siendo un misterio. Las autoridades británicas han pedido la colaboración ciudadana, temiendo que las piezas hayan entrado en el mercado negro o, peor aún, que hayan sido descartadas por alguien que no reconoció su valor histórico.
«Es tan extraordinario que, a simple vista, alguien común no habría podido determinar su valor», afirmó la defensa de Conticello durante el juicio. Mientras tanto, la policía de Londres continúa una búsqueda desesperada para recuperar una de las solo siete piezas de este tipo que existen en el mundo.


