sábado, marzo 14, 2026
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Iván Cepeda elige a Aida Quilcué como su fórmula vicepresidencial

En un movimiento que sacudió el tablero interno del Pacto Histórico, el senador Iván Cepeda oficializó a la senadora Aida Quilcué como su fórmula vicepresidencial para las elecciones de 2026. El anuncio, realizado a través de un video en redes sociales, marca una apuesta clara por la identidad de izquierda y plantea un choque directo, casi existencial, con el uribismo.

La decisión, tomada por Cepeda tras consultas limitadas a su comité político, busca explotar la «contradicción esencial» entre dos visiones de país, poniendo el foco en el departamento del Cauca, de donde provienen tanto Quilcué como su principal contendiente de derecha, Paloma Valencia.

El contraste: «Los de abajo» frente a la élite

La elección de Quilcué no es solo un gesto hacia los movimientos sociales; es una herramienta estratégica. Mientras Valencia representa la herencia política tradicional y la educación de élite, Quilcué encarna la resistencia indígena del Cric, la lucha por la tierra y la historia de las víctimas de crímenes de Estado.

Ambas líderes comparten origen geográfico pero divergen en todo lo demás: una es nieta de expresidente y educada en los Andes; la otra, una mujer sin educación formal universitaria vinculada a la guardia indígena, cuyo esposo fue asesinado por el Ejército en un caso por el cual el Estado ya reconoció responsabilidad.

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Superioridad moral vs. Moderación política

Para la campaña de Cepeda, la carrera presidencial no es una búsqueda de centros moderados, sino un enfrentamiento moral. Al elegir a Quilcué, el senador reafirma los símbolos que, según sectores de su campaña, se desdibujaron durante el actual gobierno tras el distanciamiento de figuras como Francia Márquez.

«El gobierno de los movimientos sociales», así define Cepeda su proyecto, comprometiéndose a no retroceder en temas como la consulta previa y la redistribución de tierras. No obstante, esta estrategia de «pureza ideológica» conlleva un riesgo: dejar el carril del centro despejado para que Valencia o candidatos como De La Espriella intenten captar al votante indeciso.

¿Una campaña cerrada o una apuesta por el «Poder Popular»?

Dentro del Pacto Histórico, la jugada ha sido vista con cautela. Algunos sectores critican que la campaña parezca controlada por un grupo cerrado de militantes del Polo Democrático y Marcha Patriótica. Sin embargo, desde el equipo de Cepeda, figuras como Susana Muhamad defienden la elección como una afirmación identitaria necesaria para negociar con otros sectores desde una posición de fuerza.

Con encuestas que lo sitúan cerca del 40% de intención de voto, Cepeda confía en que la movilización de la izquierda será suficiente para llegar a segunda vuelta. Por ahora, el senador prefiere los símbolos claros a las alianzas tradicionales, apostando a que la autenticidad de Quilcué sea el golpe de gracia moral contra la «oligarquía» que denuncian.

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