El Palacio Real de Tailandia ha confirmado una de las noticias más temidas y prolongadas de la monarquía asiática: el fallecimiento de la princesa Bajrakitiyabha Mahidol, conocida cariñosamente por su pueblo como la princesa «Bha», a los 47 años de edad. La primogénita del rey Maha Vajiralongkorn (Rama X) se encontraba ingresada en estado vegetativo desde finales de 2022, manteniendo en vilo a una nación entera que hoy se sumerge en una profunda conmoción y un estricto luto nacional.
Según el comunicado oficial emitido por la casa real, la salud de la heredera espiritual del trono se deterioró irreversiblemente en las últimas semanas y su deceso se produjo «pacíficamente» tras una larga e insostenible batalla médica.
El colapso que apagó la vida de la princesa «Bha»
La tragedia de la familia real tailandesa comenzó a tejerse a finales de 2022. Durante un entrenamiento militar de caninos, la princesa sufrió un repentino ataque cardíaco acompañado de una falla multiorgánica. Pese a los herméticos esfuerzos del Palacio por proyectar optimismo en los primeros meses asegurando que la paciente se encontraba «estabilizada», la realidad médica era muy distinta: la princesa jamás despertó del coma.
El desenlace fatal se precipitó debido a una severa infección abdominal desarrollada recientemente, la cual desencadenó un cuadro agudo de hipotensión y arritmias cardíacas que los médicos del Hospital Chulalongkorn no lograron revertir.
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La diplomática que pudo ser reina: Un vacío en la sucesión
La muerte de la princesa bajrakitiyabha tailandia no es un golpe cualquiera para la corona de Bangkok. «Bha» no solo era la hija mayor del monarca; era, por mucho, la figura más respetada, preparada y carismática de la actual generación de la dinastía Chakri. Licenciada en Derecho y Ciencias Políticas, construyó una impecable carrera internacional sirviendo como embajadora de Tailandia en Austria y liderando importantes comisiones de la ONU enfocadas en los derechos humanos y el empoderamiento de las mujeres en prisión.
Para los analistas internacionales, su preparación la convertía en la candidata perfecta e idónea para suceder a su padre, aprovechando la reforma constitucional de 2007 que habilitó a las mujeres para ascender al trono tailandés. Su trágica partida deja un vacío inmenso en una línea de sucesión que ya de por sí es un tema tabú en el país, blindado por las severas y punitivas leyes de lesa majestad que prohíben cualquier debate público sobre el futuro de la corona.
Banderas a media asta y procesión fúnebre en Bangkok
El primer ministro, Anutin Charvirakul, decretó el luto nacional inmediato, ordenando que las banderas ondeen a media asta en todos los edificios gubernamentales, colegios y sedes oficiales del territorio.
El protocolo real ya se ha puesto en marcha: se dispuso una masiva y solemne procesión fúnebre para trasladar los restos de la princesa desde el centro médico hasta el Gran Palacio de Bangkok, lugar donde se habilitarán las capillas ardientes para que miles de ciudadanos vestidos de riguroso negro puedan rendir sus honores y dar el último adiós a la princesa de la sonrisa eterna. Este doloroso suceso golpea a la monarquía apenas unos meses después de despedir a la reina madre Sirikit, abuela de la princesa, quien falleció el pasado octubre.


