Lo que parecía una espera eterna en los pasillos del Congreso está a punto de convertirse en una realidad tangible para los territorios. En la Comisión Primera de la Cámara de Representantes se aprobó, en tercer debate, el ambicioso proyecto de ley que busca, por fin, articular la Jurisdicción Especial Indígena con la justicia ordinaria.
Para el Ministro de Justicia, Jorge Iván Cuervo, este no es un trámite más; es el cumplimiento de una promesa de más de tres décadas consignada en la Constitución de 1991. «Estamos saldando una deuda histórica», afirmó el funcionario al cierre del debate.
¿Qué cambia con esta nueva ley?
Hasta hoy, el choque de competencias entre un juez de la República y una autoridad indígena era un «dolor de cabeza» jurídico que solía terminar en la Corte Constitucional. Con este nuevo marco legal se establecen reglas claras y criterios técnicos para resolver estos conflictos.
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Los puntos clave de la reforma son:
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Descongestión judicial: Al definir quién juzga qué, se espera que el sistema nacional sea más eficiente.
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Seguridad jurídica: Tanto los jueces como los líderes indígenas sabrán exactamente bajo qué parámetros actuar.
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Mediación lingüística: Se garantiza apoyo técnico y de traducción para que el acceso a la justicia sea real en las zonas más apartadas.
Un modelo de consenso político
A diferencia de otros proyectos que suelen fracturar al país, esta iniciativa ha sido destacada como un modelo de gestión. El texto es el resultado de un proceso de consulta previa, libre e informada con las comunidades, y cuenta con el respaldo de la Rama Judicial y diversas organizaciones sociales.
Con este éxito en la Cámara, el proyecto queda a solo un debate en la Plenaria para ser Ley de la República. De lograrse, Colombia enviará un mensaje contundente sobre el respeto a la diversidad étnica y la capacidad de transformar las instituciones mediante la unidad.


