El crecimiento urbano de la capital del Meta ha avanzado a un ritmo acelerado, pero a un costo ecológico alarmante. Los caños y quebradas que antes cruzaban la ciudad como arterias de vida natural se han transformado en canales abiertos de aguas negras, basuras y escombros. Esta degradación ya sobrepasó los límites de un problema estético y se ha convertido en una amenaza directa para la salud pública y la seguridad de los villavicenses ante las temporadas de lluvias.
La falta de planeación y la proliferación de asentamientos informales tienen a la red hídrica urbana de la ciudad en un punto de no retorno, según advierten expertos y las propias autoridades locales.
Una ciudad que crece sin planta de tratamiento de aguas residuales
Para los ambientalistas, el diagnóstico es claro. Jhon Henry Márquez Martínez, director de la Fundación Ecoproactividad Social, señala que casi la totalidad de los caños urbanos reciben descargas contaminantes directas. La raíz de este problema de infraestructura es crítica: Villavicencio carece de una Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) municipal.
«El estado es muy preocupante. Todos los caños son contaminados directamente por aguas residuales sin ningún tipo de tratamiento previo», explicó Márquez.
Esta crisis no solo altera la composición del agua, sino que destruye la biodiversidad. La invasión de las rondas hídricas ha fragmentado e incluso desaparecido los corredores biológicos que usaban especies nativas de aves y primates. Además, el plástico que llega a los cauces se degrada en microplásticos, incorporándose de forma nociva a la cadena alimenticia de los deteriorados ecosistemas acuáticos.
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Un peligro inminente en la temporada de lluvias
Desde la perspectiva institucional, la Alcaldía reconoce la gravedad del panorama. El secretario de Medio Ambiente de Villavicencio, Alexander Novoa Mosquera, calificó la situación como crítica y explicó que las conexiones erradas (redes de aguas residuales conectadas a los ductos pluviales) generan un foco de infecciones y plagas que impacta la salud de los barrios periféricos.
Pero el mayor temor de la administración surge cuando se nubla el cielo. La acumulación de residuos sólidos destruye el drenaje natural de la ciudad. Al perderse la cobertura vegetal por la erosión, la tierra se desplaza hacia los cauces; a esto se suman colchones, muebles y escombros que taponan los puentes y las secciones más estrechas de los caños. La consecuencia es una sola: inundaciones severas en múltiples comunas.
Toneladas de basura y sanciones en la mesa
Las jornadas de limpieza lideradas por las empresas de servicios públicos evidencian la magnitud de la falta de cultura ciudadana. Norma Constanza Jiménez, líder de Responsabilidad Social de Bioagrícola del Llano, reveló que en los operativos es habitual retirar del espacio público y de las fuentes hídricas objetos de gran volumen como armarios, sofás, escombros de construcción y residuos ordinarios. Esta basura termina bloqueando rejillas, sumideros y canales pluviales.
Frente a este escenario, las autoridades recordaron que arrojar residuos a los cuerpos de agua no es un acto impune. Quienes sean sorprendidos cometiendo estos delitos ambientales se enfrentan a:
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Multas económicas estipuladas en el Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana.
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Comparendos ambientales directos.
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Sanciones penales y financieras impuestas por la corporación autónoma regional Cormacarena, dependiendo del daño causado al ecosistema.
Salvar los caños de Villavicencio requerirá más que la intervención de las excavadoras y las multas; urge una inversión estructural en saneamiento básico y un cambio drástico en la conciencia de sus habitantes para evitar una tragedia mayor en el próximo invierno.


