La discusión sobre cómo se administra y se financia Colombia ha dado un giro histórico con la presentación del ‘Libro blanco: Las regiones proponen’. Este documento, liderado por la Federación Nacional de Departamentos (FND), se ha consolidado como la hoja de ruta para que territorios como el Meta dejen de depender exclusivamente de las decisiones tomadas en los escritorios de Bogotá.
El texto no es una iniciativa aislada; recoge años de reclamos territoriales y se apoya en reformas recientes que buscan incrementar las transferencias de la Nación hacia las regiones del 27 % al 39,6 %. Sin embargo, los expertos advierten que el dinero no lo es todo.
Productividad vs. Transferencias: El dilema territorial
Para la experta en ordenamiento territorial, Vanessa Andrea Suelt Cock, el aumento de recursos es un paso constitucional ya aprobado, pero su ejecución depende de una nueva ley de competencias. Suelt Cock enfatiza que la verdadera autonomía no se trata solo de pedir más recursos, sino de fortalecer la capacidad productiva local.
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Capacidad productiva: El Meta debe ampliar su base tributaria para reducir la dependencia central.
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Enfoque diferencial: Es necesario que el sistema de regalías reconozca que el desarrollo del país no es homogéneo.
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La deuda histórica con la Orinoquia
Desde una perspectiva más local, el ingeniero Nelson Augusto López señala que el Libro Blanco es una oportunidad para saldar la deuda que el centro del país tiene con la Orinoquia. Según López, la visión desde Bogotá sigue siendo «extractivista» y las regiones suelen competir en desventaja por los recursos.
El experto propone que, en lugar de reclamos, la región debe presentar proyectos estratégicos de impacto común en infraestructura y conectividad, evitando que la articulación regional se quede solo en «fotos y discursos».
Hacia una autonomía fiscal real
Por su parte, el experto en gestión del cambio, Diego Villa, sostiene que la excesiva centralización impide que los problemas locales se resuelvan con fórmulas efectivas. Su propuesta apunta a una reorganización que permita una mayor autonomía fiscal, permitiendo que el dinamismo económico nazca desde las particularidades únicas de cada región.
En conclusión, el Libro Blanco abre la puerta a un nuevo modelo de país, pero el éxito para el Meta dependerá de su capacidad para incidir políticamente y transformar su modelo productivo en los años por venir.


