El retiro de más de 30 piezas del Museo Nacional de Colombia provocó protestas el sábado y el domingo en Bogotá. Los manifestantes cuestionan la decisión del Gobierno de Abelardo de la Espriella y consideran que la salida de los objetos busca imponer una visión ideológica de la historia.
Protestas en el Museo Nacional
Entre los materiales retirados de exhibición hay objetos y documentos sobre luchas feministas y LGBTIQ+, piezas vinculadas con la izquierda colombiana y materiales relacionados con el acuerdo de paz de 2016 con las antiguas FARC. Algunos participantes colocaron reproducciones de las piezas fuera del museo, mientras otros llevaron fotografías de Carlos Pizarro, dirigente de izquierda asesinado en 1990.
La concentración del sábado comenzó con música, cánticos y consignas. Por la noche, la policía antidisturbios disolvió la protesta con gases lacrimógenos, bombas aturdidoras y una tanqueta de agua.
El domingo hubo un nuevo plantón frente al museo. La movilización afectó la carrera Séptima con calle 30 en sentido sur-norte y, hacia las tres de la tarde, se reportó la intervención de una tanqueta de la Unidad Antidisturbios.
El reclamo por la autonomía
La profesora Paola Castañeda repartió pegatinas con imágenes de las piezas retiradas. A su juicio, la decisión busca «reescribir esa memoria, esa historia según la narrativa que quiere posicionar el gobierno». Castañeda centró su crítica en los materiales sobre el conflicto armado y las luchas de colectivos feministas y LGBTIQ+.
El Museo de Arte Moderno de Bogotá y otros cinco museos expresaron en una declaración su «profunda preocupación» por el retiro. Pidieron a la ministra de Cultura, Paola Holguín, que garantice la autonomía de los museos y rechazaron que un gobierno decida qué partes de la historia puede ver el público según sus afinidades políticas.
Holguín sostuvo que el Museo Nacional debe conservar, restaurar, proteger y socializar la cultura, pero no servir como «instrumento de adoctrinamiento político» ni difundir versiones sesgadas de la historia. El presidente Abelardo de la Espriella, sin referirse directamente al museo, había dicho que el Estado debía impedir que los espacios culturales fueran captados por el «socialcomunismo».

















