La parada técnica del LHC ya está en marcha: el CERN cortó el enfriamiento de sus imanes y apagó el acelerador para modernizarlo hasta 2030. El objetivo es reencenderlo como HL-LHC, con una capacidad de colisión por segundo muy superior para multiplicar los datos de los experimentos.
Un apagado de cuatro años para el High-Luminosity LHC
En la madrugada del 29 de junio de 2026, en el túnel circular de 27 kilómetros situado bajo la frontera entre Suiza y Francia, se detuvieron las corrientes que mantenían fríos los imanes superconductores del Gran Colisionador de Hadrones. Con ese paso, el CERN inició el cierre programado conocido como Long Shutdown 3 (LS3), que se prolongará durante cuatro años.
El calendario de este parón llegó con ajustes: el LS3 se retrasó siete meses y medio respecto de la planificación original y se extenderá cuatro meses más de lo previsto. Aun así, el objetivo operativo se mantiene: volver a poner en marcha el acelerador en junio de 2030, ya reconvertido en el Gran Colisionador de Hadrones de Alta Luminosidad.
El director general del CERN, Mark Thomson, describió el inicio del parón como una oportunidad para explorar el universo “de una manera que no habíamos podido hacer antes”. En la misma línea, el líder del proyecto, Markus Zerlauth, señaló que el apagado abre “una nueva fase” de trabajo en el complejo.
Qué cambia en el túnel: imanes nuevos y ‘cavidades cangrejo’
La intervención más crítica se concentrará en reemplazar 1,2 kilómetros de imanes y componentes del anillo. Los imanes de enfoque actuales serán sustituidos por equipos de nueva generación fabricados con niobio-estaño, un material que soporta campos magnéticos más intensos y permite concentrar mejor los haces de protones antes de las colisiones.
Además, se instalarán cavidades cangrejo (crab cavities), dispositivos superconductores que inclinarán los haces justo antes del choque para aumentar el solapamiento frontal entre ambos. La meta técnica del HL-LHC no es elevar la energía máxima, sino aumentar la “luminosidad”, es decir, la cantidad de colisiones útiles en un tiempo dado.
En paralelo, los detectores y su electrónica se adaptarán para una avalancha de información mayor. Las fuentes describen una reconstrucción de componentes en grandes experimentos como ATLAS y CMS, con sistemas más precisos y procesamiento más rápido para discriminar eventos relevantes entre millones de colisiones por segundo.
Más colisiones para medir el Higgs y buscar nueva física
El salto del HL-LHC se medirá en productividad: el acelerador mantendrá prácticamente la misma energía máxima citada en el material (13,6 teraelectronvoltios), pero producirá diez veces más colisiones que el LHC actual a lo largo de su vida útil. Ese aumento se traducirá en varias veces más datos analizables que los acumulados durante la fase previa de operaciones.
La expectativa científica se centra en la física de precisión. Hasta ahora, el LHC ha producido unos 55 millones de bosones de Higgs; con el nuevo régimen, se proyecta generar 380 millones de bosones de Higgs, lo que permitiría estudiar con más detalle cómo se comporta esa partícula y si sus propiedades se desvían —aunque sea mínimamente— de lo que predice el Modelo Estándar.
El programa también apunta a procesos raros y a mejorar la sensibilidad en la búsqueda de candidatos a materia oscura. La física del CERN Nedaa-Alexandra Asbah comparó la mejora con cambiar la cámara del detector por otra con “píxeles mucho más finos”. En ese horizonte, el CERN ya mira más lejos: el laboratorio trabaja en el diseño del Future Circular Collider (FCC), un proyecto posterior con un túnel de 91 kilómetros y un coste preliminar estimado en 15.000 millones de euros.














