martes, junio 9, 2026
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Barreras para usar bicicleta en Colombia: la logística y el miedo pesan más que la infraestructura

Las barreras para usar bicicleta en Colombia están más ligadas a la rutina diaria y a percepciones personales que a la infraestructura disponible, según una investigación aplicada a nivel nacional. El análisis, basado en más de dos mil encuestas, ubicó como frenos principales la conveniencia, la inseguridad percibida y la incomodidad asociada al sudor y la apariencia.

Barreras para usar bicicleta en Colombia: lo que muestran más de 2.000 encuestas

El estudio, en el que participó el Politécnico Grancolombiano junto con un equipo interdisciplinario de instituciones educativas del país, concluyó que la decisión de pedalear se explica más por factores “humanos” —emociones, hábitos y autopercepciones— que por elementos físicos como ciclorrutas, iluminación o señalización.

La investigación recogió respuestas en varias regiones y perfiles. Tuvo alcance en departamentos como Huila, Magdalena y Cundinamarca y en ciudades con sedes universitarias vinculadas, entre ellas Neiva, Santa Marta y Bogotá. Los participantes provenían de zonas urbanas y rurales, con distintos niveles educativos y rangos de edad.

La rutina manda: conveniencia y logística antes que ciclorrutas

La barrera con mayor peso fue la falta de conveniencia por las actividades posteriores del día. Para muchos, usar bicicleta “interrumpe” la jornada si deben llegar presentables a un trabajo o a clases. En esa lógica, la ausencia de condiciones de apoyo —como duchas, vestuarios o estacionamientos seguros— reduce la bicicleta a una opción poco práctica.

El equipo investigador resumió esa idea con una frase: “si la bicicleta complica el resto del día, deja de ser opción, por más ciclorrutas que se construyan”. En contraste, el estudio halló que la infraestructura tuvo un poder predictivo mucho menor. Los investigadores lo plantearon así: “la infraestructura importa, pero no determina”.

Miedo e incomodidad: el freno emocional que piden atender

Otro obstáculo de gran peso fue la percepción de inseguridad. Los encuestados expresaron temor a moverse en bicicleta por sentirse vulnerables frente al tráfico, el entorno o posibles situaciones de riesgo personal. Para el equipo académico, la inseguridad opera primero como una sensación: “no basta con ciclorrutas si la persona se siente expuesta”.

El tercer gran freno fue la incomodidad física y social asociada al calor, el sudor y cómo se percibe la apariencia tras el trayecto, un factor que, según los investigadores, se conecta con identidad y rol social. También aparecieron, con menor peso, la falta de acceso a una bicicleta, la autopercepción de baja condición física, la idea de que los conductores no respetan a los ciclistas y barreras subjetivas como fatiga o pereza.

A partir de esos hallazgos, el estudio recomendó que las políticas públicas reduzcan “fricciones” del día a día con duchas, vestuarios y parqueaderos vigilados, además de campañas y estrategias pedagógicas para trabajar el miedo y la incomodidad. Asimismo, sugirió programas de formación para nuevos ciclistas —talleres de mecánica básica, acompañamiento en rutas y estímulos progresivos— como vías para fortalecer confianza y sostener el uso.

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